24.4.15

Natalia de Tolosa

S. Natalia Virgen nació en Gaillac (Francia) en 1312 de padres ricos y Píos. Desde su niñez se dedicó al ejercicio de las virtudes cristianas, y más tarde se consagró al Señor con voto de castidad; pero deseando entregarse totalmente á Dios vistió nuestro santo hábito, y en 1333 emitió su solemne profesión en manos del Beato Bernardo de Poncelli, Comendador del Convento de Tolosa, en cuyo nuevo estado procuró servir á su Divino Esposo con el heroico ejercicio de las virtudes y haciendo grandes y continuas penitencias. Los milagros que Dios obró por intercesión de la Santa, fueron muchos, y uno de ellos se verificó en el año 1350, en que un ángel la trasladó a África, para convertir y hacer volver á la nave á una cautiva, que el Beato Felipe Clavo había redimido con otros 113 esclavos, la cual había huido evadiendo la vigilancia de los Redentores. Santa Natalia murió en 1355 llena de virtudes y méritos con gran fama de santidad. ORACIÓN Omnipotente Señor, que habéis inspirado en Natalia, vuestra fidelísima Sierva, un celo ardiente por la conversión de los pecadores y por el rescate de los cautivos cristianos, concedednos, por su valerosa mediación, la gracia de poder romper los lazos de nuestros pecados y triunfar siempre de todos nuestros enemigos. Y Vos, o Santa Natalia, alcanzadnos un verdadero amor al cumplimiento fiel de los preceptos divinos y obligaciones de nuestro estado, é implorad misericordia á los pobres pecadores para que se conviertan y vivan, los cuales confiamos á vuestra poderosa intercesión. Así sea. Un Pater Ave y Gloria. Con aprobación eclesiástica – Roma 1905.

1.3.15

Devoción de los 30 días a San José

San José, devoción de los 30 días ¡Oh amabilísimo Patriarca, Señor San José! Desde el abismo de mi pequeñez, dolor y ansiedad, te contemplo con emoción y alegría de mi alma en tu solio del cielo, como gloria y gozo de los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, consolador de los tristes, amparador de los desvalidos, gozo y amor de tus devotos ante el trono de Dios, de tu Jesús y de tu santa Esposa. Por eso yo, pobre, desvalido, triste y necesitado, a Ti dirijo hoy y siempre mis lágrimas y penas, mis ruegos y clamores del alma, mis arrepentimientos y mis esperanzas; y hoy especialmente te traigo ante tu altar y tu imagen una pena que consueles, un mal que remedies, una desgracia que impidas, una necesidad que socorras, una gracia que obtengas para mí y para mis seres queridos. Y para conmoverte y obligarte a oírme y conseguírmelo, te lo pediré y demandaré durante treinta días continuos en reverencia a los treinta años que viviste en la tierra con Jesús y María, y te lo pediré, urgente y confiadamente, invocando todos los títulos que tienes para compadecerte de mí y todos los motivos que tengo para esperar que no dilatarás el oír mi petición y remediar mi necesidad; siendo tan cierta mi fe en tu bondad y poder, que al sentirla te sentirás también obligado a obtener y darme más aún de lo que te pido, y deseo. 1.- Te lo pido por la bondad divina que obligó al Verbo Eterno a encarnarse y nacer en la pobre naturaleza humana, como Dios de Dios, Dios Hombre, Dios del Hombre, Dios con el Hombre. 2.- Te lo suplico por tu ansiedad de sentirte obligado a abandonar a tu santa Esposa, dejándola sola, y yendo solo sin ella. 3.- Te lo ruego por tu resignación dolorosísima para buscar un establo y un pesebre para palacio y cuna de Dios, nacido entre los hombres, que le obligan a nacer entre animales. 4.- Te lo imploro por la dolorosísima y humillante circuncisión de tu Jesús, y por el santo y dulcísimo nombre que le impusiste por orden del Eterno para consuelo, amor y esperanza nuestra. 5.- Te lo demando por vuestro sobresalto al oír del Ángel la muerte decretada contra tu Hijo Dios, por vuestra obedentísima huida a Egipto, por las penalidades y peligros del camino, por la pobreza del destierro, y por tus ansiedades al volver de Egipto a Nazaret. 6.- Te lo pido por tu aflicción dolorosa de tres días al perder a tu Hijo, y por tu consolación suavísima al encontrarle en el templo; por tu felicidad inefable de los treinta años que viviste en Nazaret con Jesús y María sujetos a vuestra autoridad y providencia. 7 .- Te lo ruego y espero por el heroico sacrificio, con que ofreciste la víctima de tu Jesús al Dios Eterno para la cruz y para la muerte por nuestros pecados y nuestra redención. 8.- Te lo demando por la dolorosa previsión, que os hacía todos los días contemplar aquellas manos infantiles, taladradas un día en la Cruz por agudos clavos; aquella cabeza que se reclinaba dulcísimamente sobre tu pecho, coronada de espinas; aquel cuerpo divino que estrechabas contra tu corazón, ensangrentado y extendido sobre los brazos de la Cruz; aquel último momento en que le veíais expirar y morir por mí, por mi alma, por mis pecados. 9.- Te lo pido por tu dulcísimo tránsito de esta vida en los brazos de Jesús y María y tu entrada en el Limbo de los Justos en el cielo, donde tienes tu trono de poder. 10.- Te lo suplico por tu gozo y tu gloria, cuando contemplaste la Resurrección de tu Jesús, su subida y entrada en los cielos y su trono de Rey inmortal de los siglos. 11.- Te lo demando por vuestra dicha inefable cuando viste salir del sepulcro a tu santísima Esposa, resucitada, y ser subida a los cielos por ángeles, y coronada por el Eterno, y entronizada en un solio junto al tuyo como Madre, Señora y Reina de los ángeles y hombres. 12.- Te lo pido y ruego y espero confiadamente por tus trabajos, penalidades y sacrificios en la tierra, y por tus triunfos y gloria feliz bienaventuranza en el Cielo con tu Hijo Jesús y tu esposa Santa María. ¡Oh mi buen San José! Yo, inspirado en las enseñanzas de la Iglesia Santa y de sus Doctores y Teólogos y en el sentido universal del pueblo cristiano, siento en mí una fuerza misteriosa, que me alienta y obliga a pediros y suplicaros y esperar me obtengas, de Dios la grande y extraordinaria gracia que voy a poner ante este tu altar e imagen y ante tu trono de bondad y poder en el Cielo: la espero, Santo Patriarca. (Aquí, levantado el corazón a lo alto, se le pedirá al Santo con amorosa instancia la gracia que se desea.)