16.3.14

Segundo viernes de marzo

Marzo SEGUNDO VIERNES DEL MES Jesucristo me ha amado. El Corazón de Jesús nos ama con un amor de Amigo. Sin amigo no se puede vivir dichoso. (Imit.) Pero ¿dónde encontrar un corazón que se abra a todos nuestros dolores, a todos nuestros placeres, que no se canse de oír hablar de ello, de tomar parte en las vicisitudes, de entrar a cada momento, sin impacientarse en los pormenores de nuestros más mínimos intereses, de prestarnos el concurso de sus consejos, de su apoyo y de su compasión? ¿qué corazón será bastante tierno para llorar con nosotros, cuando estemos tristes y para alegrarse con nosotros cuando somos dichosos? ¿Qué corazón será bastante desinteresado para olvidarse hasta el punto de vivir más para nosotros que para mí mismo; suficientemente generoso para no separarse de nosotros a vistas de nuestra flaquezas, de nuestras miserias, de nuestras infidelidades y perfidias? ¡ah! no hay más que uno solo que hay podido decir: Mis delicias son estar con los hijos de los hombres.- "¡Oh, Señor del cielo y de la tierra! ¡qué palabras son éstas para que ningún pecador pierda la confianza! ¿Por ventura, os falta con quien encontrar vuestras delicias, que buscáis un gusanito de la tierra de tan mal olor como yo?" (Santa Teresa) ¡Oh, Jesús! que nos soportéis, que os resignéis a quedaros con nosotros, pase todavía; ¡pero amarnos! ¡hacer vuestras delicias en estar con nosotros! ¡Oh palabra incomprensible y digna de todo mi reconocimiento! Extracto de "Práctica del amor al Sagrado Corazón de Jesús y lecturas para todos los viernes del año" por el autor del "Mes del Sagrado Corazón", traducido del francés. Madrid, librería católica de Gregorio del Amo, calle de la paz núm. 6. 1892

2.1.14

"como los ríos que entran en el mar plenísimo de ella"

"El que nació del Padre antes de todos los siglos en tiempo, vestido de humanidad, dejando a esta Santísima Virgen después de su nacimiento mucho más pura y santa; que si antes que de ella naciese era purísima, como iban inmensamente en ella creciendo los merecimientos y plenitud de gracias, como los ríos que entran en el mar plenísimo de ella, que estaría tan cercana y conjunta a Dios esta gracia de la Encarnación del Verbo Divino y nacimiento della, hecho carne, tomada de su purísima carne, tanto más le aumentó en una inmensa santidad y grandeza cuanto se obró ya, en efecto, este bien infinito, para que de dios fue elegida esta Señora y Virgen perpetua. Nació della tomando el dote e sutileza; el que le da a los cuerpos gloriosos en el cielo, le tomó para sí aquí, como era justo y debido al nacimiento nuevo, según la humanidad del Verbo Encarnado, Único Hijo de Dios, y apareció la benignidad y humanidad de Dios Nuestro Salvador, no por las obras de justicia que nosotros hicimos mas según su infinita misericordia nos hizo salvos; apareció el Verbo incomprensible de Dios cubierto con el velo de la carne de un niño hermosísimo, más que todos los hijos de los hombres ceñido con fajas que le puso su Madre Santísima, El que extendió los cielos que El crió y la tierra, y todo lo sustenta; reclinándole en un pesebre y teniéndole en sus virginales brazos, sustentándole con sus pechos virginales proveídos del cielo con leche para criar al Creador de todo; salió de su vientre virginal también en resplandores santos, pues todo fue lleno de resplandores de gloria este santo nacimiento, como nacimiento de Dios Humanado; así dijo San Juan: 'El Verbo es hecho carne y vimos su gloria como Unigénito del Padre'" M. Cecilia del Nacimiento, carmelita descalza Valladolid 1570 - 1646.

6.3.13

Oración a Santa Teresa de Jesús Pidiendo a Dios por su intercesión remedie los males de la Iglesia y consuele al Santo Padre Dios omnipotente e infinitamente bueno, que os habéis complacido en derramar con admirable generosidad vuestras luces en el entendimiento y la abundancia de vuestros dones en el corazón de vuestra sierva Santa Teresa de Jesús, para que fuera en tiempos calamitosos una gran lumbrera en vuestra Iglesia, y una victima abrasada en el fuego de vuestro amor, capaz de templar vuestra ira, provocada por los pecados del mundo; por aquel amor ardentísimo que ella siempre profeso a la Iglesia Católica; por aquel celo abrasador que la devoraba por la salvación de las almas; por aquella fe tierna, sencilla, ardiente y animosa con que estaba presta a derramar su sangre por defender vuestra gloria y la de vuestra Esposa inmaculada, la Iglesia, que fundasteis con la Sangre preciosa de vuestro Hijo Unigénito, concede, Señor, paz y prosperidad a esa misma Iglesia. Haced que vuestro reino se extienda por toda la tierra para que en todas partes y por todos los hombres sea vuestro nombre bendecido y glorificado. Proteged con vuestros soberanos auxilios al sumo Pontífice y a todos los que con el defienden la causa de vuestra gloria, y derramad en su corazón el bálsamo divino de vuestros consuelos, para que nos desmaye jamás bajo el peso de la tribulación. Iluminad a los que yerran, convertid a los que os ofenden, salvad a todos los redimidos; vengan todos a formar en la tierra un solo rebaño bajo un solo pastor, para reinar luego todos en el cielo por los siglos de los siglos. Amén.